Cuando visité por primera vez el remoto pueblito de la Higuera, casi veinticinco años después de haber leído “Mi campaña con el Che” de Inti Peredo, la idea de escribir algo sobre los últimos días de la guerrilla de Ñancahuazu me sedujo de una manera obsesiva. Encontrar, a primera vista, las inconsistencias entre lo tantas veces contado y la propia geografía del lugar amén de los interesantes datos que se conservan en la tradición oral de la zona, fue una tentación irreprimible. Ese primer día sólo buscaba respuestas personales, entender con detalle el suceso histórico del cual había leído y que por fin podía reconstruirlo estando en la zona. Sin embargo, a cada paso que daba surgían más y más preguntas. En vez de armonía entre lo que sabía y lo que estaba viendo, me encontré frente a un angustiante y creciente vacío. No tuve opción.
Me embarqué en una búsqueda desesperada de aquellas piezas que faltan en el rompecabezas de los últimos días de la guerrilla del Che en Bolivia. Con este propósito entrevisté personas que tuvieron un rol conocido en la historia como Julia Cortez, y voces menos conocidas pero con datos interesantes para aportar como la familia de Víctor Céspedes o Rafael Aldunate. De igual manera leí una respetable cantidad de libros y documentos diversos sobre la historia boliviana del Che y visité al menos diez veces la zona en que actuó la guerrilla. Sin embargo, después de tres años y decenas de borradores inconclusos, abandoné el proyecto y por salud mental espero no reemprenderlo.
Es bajo ese propósito que tiene lugar este breve escrito; no es un relato histórico, tampoco un recuento de mis avatares buscando reconstruir la historia, sino una suerte de testamento para un proyecto de investigación histórica que culminó en la angustiante soledad de un naufragio. Ahora bien, en ese tránsito de la aventura a la desgracia encontré datos interesantes e inéditos. Por ejemplo, contrariamente a lo escrito en todos los libros, artículos y reportajes que tocan la captura del Che, el último combate no tuvo lugar en la quebrada del Churo (Yuro para los cubanos) sino en la quebrada Jagüey –Racetillo. Eso lo descubrí por mera casualidad; caminando por las quebradas iba marcando puntos en el GPS y revisando el mapa que construí con las narraciones del combate y también el mapa de Gary Prado, pero algo no encajaba. Cuando inquirí a Aurelio mi amigo y guía sobre el tema me explicó “ ahhh si, está bien, lo que pasa que los nombres están cambiados, desde ese entonces” Señalándome la quebrada que teníamos al frente me dijo “esta que está al frente es en realidad la del Churo, pero a la que le dicen Churo es esta de la izquierda, donde fue el combate pero para nosotros se llama Jagüey-Racetillo porque arriba se juntan, pero como la gente que viene ya la conoce como el Churo, ni modo de cambiarles el nombre”. La cañada que geográficamente corresponde al “Churo” aparece en el famoso mapa de Gary Prado como cañada “la Tusca”. Curiosamente en el primer parte militar del combate el propio comandante de la compañía “B” Gary Prado acierta en el nombre. Transcribo el mensaje de radio a Cnl Zenteno:
“Hoy a 7 km N.O. de Higueras en junta quebradas Jagüey-Racetillo librose acción. Hay 3 guerrilleros muertos y dos heridos, la zona se le llama el Churo…” Esa fue la primera y única ocasión, hasta ahora, en que se llamó a la quebrada por su nombre.
También fue satisfactorio redescubrir el lugar exacto donde capturaron al Che. Cuando visitas la zona los pobladores te llevan a la quebrada Jagüey-Racetillo, donde incontrovertiblemente tuvo lugar el enfrentamiento. Aun hoy quedan en las piedras huellas del combate que sucedió ahí un domingo hace casi cuarenta años. Sin embargo, el lugar de la captura que reiteradamente ha sido mostrado en los documentales que se han hecho sobre el tema, no corresponde al lugar real. ¿Por qué? Hay que retroceder en el tiempo para entenderlo. El 8 de octubre de 1967, aproximadamente a las tres de la tarde el sargento Huanca, encabezando a un grupo de soldados, entró por la parte inferior de la quebrada Jagüey-Racetillo, metros adelante, a granadazo limpio, demolió la improvisada trinchera que defendían los cubanos Arturo y Antonio. El Che, que estaba unos metros atrás había sido previamente alcanzado por una ráfaga que le hirió en la pantorrilla e inutilizó su fusil. Fue entonces que apoyándose en Willy, Guevara intenta escapar subiendo la escarpada ladera de la quebrada. Aparentemente los dos guerrilleros tenían la intención de romper el cerco, ganar la espalda de los Rangers y ocultarse en la quebrada contigua, ahora si, en el Churo. Sin embargo, como lo sabemos ahora, no pudieron romper el cerco ni escapar a su destino. Al salir de la quebrada son capturados por tres soldados; el cabo N. Balboa Huaillas y los reclutas Encinas y Choque. Poco tiempo después llamado por estos llega al lugar Gary Prado acompañado por su estafeta. La posición estaba al borde de la quebrada, y aunque para ese entonces el combate solo continuaba quebrada arriba, la posición seguía siendo riesgosa para mantener a los prisioneros. El capitán Gary Prado decide entonces llevarlos a su puesto de mando, el cual se ubicaba en una pequeña depresión del terreno a unos veinte metros del lugar, bajando lateralmente por la loma, pero sin descender a la quebrada
Al terminar la campaña militar, la zona quedó deliberadamente olvidada. Este estado de cosas continuó hasta el fin de las dictaduras a principios de los ochentas. Cuando comenzaron a llegar los visitantes, los pobladores sabían con exactitud en que quebrada fue el combate, pero no conocían el punto exacto de la captura del Che ¿Y ahora a donde llevar a los visitantes?. La respuesta fue fácil; con el aval de un periodista, decidieron que el lugar referido era al lado de una gran piedra dentro de la quebrada y al medio de un sembradío de papas. Pintaron una estrella roja en la piedra y desde entonces llevan a ella a todo aquel que se deje: hippies, turistas, o realizadores de documentales que con relativa periodicidad aparecen en la zona.
La primera vez que fui a la Higuera conseguí, por 10 Bolivianos, que un campesino me llevara al “exacto” lugar de la captura. En otras palabras, me iba a costar poco mas de un dólar y dos horas de caminata contrastar la realidad con lo tantas veces imaginado… Pero bajábamos y bajábamos por el fondo de la cañada sin subir al flanco izquierdo, como debíamos hacerlo según mi conocimiento básico del combate. Peor aun, en un punto subimos a una pequeña planicie en lado derecho, dentro de la quebrada, pero unos dos metros por encima de su lecho. El campesino se paró y me señalo la gran piedra con la sonrisa de satisfacción de quien acaba de cumplir a cabalidad su misión.
Lo miré con incredulidad sin decirle una palabra. El titubeó y me empezó a narrar la anécdota de la captura y de cómo su papá había ayudado a sacar al Che de ese lugar hacia la Higuera. Le discutí un poco.
Intente convencerle que era absolutamente imposible que ese fuera el lugar no sólo porque no se ajustaba a lo escrito por ninguno de los protagonistas, sino, peor aun, porque no concordaba con el sentido común; la roca está en un claro que se abre en la quebrada y, dominado por todos los flancos, éste habría sido un lugar peligrosísimo para un combatiente de cualquier bando. Imposible que hubiera tres soldados ahí emplazando una ametralladora o cubriendo una ruta de escape (las dos versiones que existen sobre el rol de los soldados en ese punto) Por otra parte los relatos de los combatientes de ambos bandos coinciden en que el Che intentó romper el cerco por la ladera sur de la quebrada. Gary Prado, que es la única fuente de información de primera mano sobre los detalles de la captura con que contamos; dice que el Che fue capturado subiendo por una “chimenea lateral”. Pero ni convencí a mi guía ni tuve oportunidad en ese viaje de encontrar el lugar exacto. La geografía es intrincada, la cañada es relativamente sinuosa, es difícil bajar a ella y el ascenso de cuatrocientos metros verticales en cinco kilometros y medio hasta el camino La Higuera-Pucará es agotador. Por cierto, los trescientos metros que según diversos autores mide la quebrada Jagüey, son en realidad 2.74Km hasta su salida al “firme”. El sector de la quebrada donde según mis investigaciones tuvo lugar el combate mide 702 mts, esto es, entre la unión Jagüey-Racetillo y la confluencia de esta con el Churo.
Así que regresé a Vallegrande y después a Cochabamba frustrado pero con el firme deseo de hacer otro viaje a esta remota quebrada para identificar el punto donde fue capturado el Che y marcarlo con un GPS. Con ese propósito en los meses siguientes conseguí algunos mapas, construí los míos propios con los relatos de guerrilleros y militares y finalmente ubiqué dos posible lugares usando las fotos satelitales del Google Earth. Con toda esta información regresé a la zona para discernir in situ cual de los dos puntos se ajustaba mejor a las narraciones. Finalmente determiné el punto de la captura en 00. 61’34’’ y 043, 34’ 23”. (Si tienen interés marqué los puntos en Google Earth). Creo firmemente que es la posición correcta, aunque no he logrado convencer a los pobladores de que lleven a los visitantes al punto real “Ya nos acostumbramos a llevarlos a la roca” Y si, la última vez que estuve en la quebrada un equipo de la televisión palestina estaba videograbando en detalle la piedra. Sin embargo, el redescubrimiento del lugar donde fue capturado el Che es meramente anecdótico; el eje de mi proyecto tenía que ver con una reconstrucción de lo sucedido entre la llegada de los guerrilleros a Abra del Picacho y el combate de la quebrada de Jagüey. Particularmente me interesaba reconstruir los contactos que tuvieron en ese tiempo con los pobladores de la zona y de alguna manera matizar la versión del nulo apoyo que tuvieron de los campesinos.
Ciertamente, la falta de una base social que sustentara el accionar de la guerrilla es incontrovertible y es sin lugar a dudas, el mayor determinante del fracaso de la misma. Pero a lo largo de la campaña Ñancahuazu-La Higuera los guerrilleros tuvieron de manera constante el tímido y a veces ambivalente apoyo de los campesinos. Hay varios casos que por sus posteriores implicaciones han trascendido a la historia conocida de la guerrilla como Pablo Baigorri, otros menos conocidos como victor Cespedes, y otros que nunca han sido mencionados en la bibliografía existente. Estos últimos eran los que mas me interesaban
La primera vez que fui a Pucara, parse a saludar al Profe Iver, con quien habíamos desarrollado algunos proyectos de educación integrada. Cuando regrese al auto me encontré a una vieja medio sentada en el asiento del pasajero que en absoluto estado de ebriedad y escupiéndome con cada palabra me repetía “quieres saber del che? quieres saber del Che? Yo te voy a contar del Che” Tengo profunda animadversión a los borrachos cuando estoy en una circunstancia que me impida alcanzar el mismo estado que ellos han logrado. Tal era el caso, así que con el engaño de invitarle otro singani la baje del Jeep y me di a la fuga. Cuando llegue a la Higuera se me acercó una señora, ofreciéndome fotos del Che. Una llamo particularmente mi atención; era una vieja foto de Florencia Cabritas. ¿Quién es Florencia Cabritas?: La vieja que pastoreando sus cabras entro a la quebrada donde estaban los guerrilleros, según nos relata el propio che en la ultima entrada de su diario. (Su casa, adyacente a la quebrada de Jagüey la marqué también en el google earth) En la foto se veía a la vieja, a su hija enana y a otra mujer más joven en quien reconocí a la vieja que yo acababa de sacar de mi auto con engaños. ¿“Quien es esta?” le pregunte, “Es Virginia, la nieta de Florencia Cabritas. Ella ayudo a unos guerrilleros que salieron antes de que mataran al Che y por eso estuvo mucho tiempo escondida en Villamontes” Me arrepentí, como lo sigo haciendo desde entonces, de no haberle comprado la foto, y más aun de no haberme quedado un rato mas con la tal Virginia en Pucará. La historia sonaba interesante, porque en efecto, un grupo de cuatro guerrilleros conocido como el “grupo de los enfermos” logro romper el cerco y escapar en las primeras horas del combate. Sin embargo, no sabemos nada de sus avatares desde ese momento y hasta el 14 de Octubre, seis días después, cuando los cuatro son aniquilados en la confluencia del Río Mizque con el Rió Grande en la zona que se conoce como “Cajones”. Intenté obtener más información en la Higuera y un viejito, Alcides Osinaga, me confirmo lo que me había dicho la Sra Doña Irma. Al parecer el grupo de Los enfermos, encabezado por Pablito que con sus veintidós años era el guerrillero mas joven y el único sano y apto para combatir en esos tiempos, hizo contacto con la familia Cabritas. Virginia, a pesar de la oposición de Florencia, y sus dos hijas; Aleja e Irene (la primera de ellas enana la otra “postrada” según el diario del Che o “hinchada” según los pobladores de la higuera) les dio agua y algo de comida. Intrigado por esta información regrese a Pucará con la intención de buscar a Virginia y obtener ahora si la información que horas antes me ofrecía intercambiar por un singani. Desafortunadamente cuando llegue me avisaron que ya se había salido para Vallegrande y que no sabían cuando volvería o si volvería, porque aparecía en Pucará muy de vez en cuando. A pesar de ello me dieron la esperanza de contactarla a través de la profesora Julia Cortes que vive en Vallegrande y que fue una de las últimas personas que habló con el Che. En Vallegrande entrevisté a la profesora, pero respecto a Viriginia no tenia ninguna información. Seguí otra pista que me llevo a San Juan del Potrero, más allá de Mataral pero con resultados infructuosos. Esa fue la primera línea de mi investigación que quedo abierta. No supe más de Virginia pero seguí adelante, después de todo, desde ese primer viaje, conocí a mucha gente en Abra del Picacho, Pucara, La Higuera, Vallegrande, dispuesta brindarme información sobre lo acontecido cuarenta años antes. Y ahí empezaron los problemas. De la copiosa información recibida es difícil rescatar ese dato ajustado a la realidad que aparece de vez en vez, mezclado con los mitos que los campesinos han construido a lo largo de estos cuarenta años. Hay quien asegura que su padre ayudo a los militares a sacar al Che desde la piedra, que ubican como el lugar de la captura, hasta la escuelita de la higuera. La historia no resiste la menor confrontación con los datos que contamos. Se menciona con insistencia que Florencia Cabritas y su hija aleja, ayudaron a la guerrilla del Che en los días previos al combate, pero en ningún testimonio de los sobrevivientes ni siquiera se insinúa esa posibilidad. Hay muchos otros mitos surgidos de una burda mentira, o de una reconstrucción imaginaria de los hechos que sin embargo se han vuelto verdades colectivas. Paradójicamente, otro problema que se encuentra al intentar recabar información es que quienes vivieron los tiempos de la guerrilla no han podido vencer del todo el miedo a la represión y tienen cierta reluctancia a hablar sobre el tema. En los tiempos de la guerrilla varios campesinos por mera sospecha de simpatía hacia los “subversivos” fueron golpeados, encarcelados, o inclusive muertos a palos, tal fue el caso del “Vallegrandino”. Una vez terminada la campaña militar hubo un periodo en que amaino la presión a los pobladores, pero durante los gobiernos de las dictaduras cobro fuerza otra vez. Los militares reaparecieron en la higuera para destruir de manera ostentosa, bustos con la efigie del Che, murales o graffiti que grupos de activistas erigían en la Higuera. En esas ocasiones los pobladores también eran maltratados. Ahora pareciera que existe una combinación sinérgica entre los mitos y los miedos. El mito que se construye sobre lo falso oculta la verdad que se esconde tras el miedo. Mi búsqueda de trascender esa estructura y encontrar certezas sobre lo que realmente sucedió me llevo a seguir muchas pistas falsas, otras con visos de autenticidad pero que me conducían invariablemente a callejones sin salida. El propio combate del Churo y los detalles de la captura del Che de los que tanto se ha escrito son un infierno de contradicciones. Para empezar, los mismos sobrevivientes tienen versiones encontradas sobre lo que sucedió ese día. No podía ser de otra manera llevaban días enteros apenas comiendo, enfermos, heridos, “…estaba donde la quebrada se rompía, si estaba a la derecha, a la izquierda o en el frente difícil decirle” le contesta Pombo a Reginaldo Ustariz en una entrevista sobre detalles del combate. Gary Prado asegura que el Che fue capturado con Willy. Pero existe la versión de Arguedas en que cuenta citando su conversación con el cabo Balboa que el Che estaba subiendo a la loma con otros dos guerrilleros. Esto ultimo es consistente con lo que dicen recordar los habitantes de la Higuera “Con el Che y Willy trajeron un guerrillero ciego que estaba muy herido” Posiblemente Pacho o el Chino. Creo que no hay un solo dato relevante de la historia de ese día que no venga acompañado hasta nuestros tiempos con al menos tres versiones. Mi intento de reconstrucción histórica, me llevó a un estado obsesivo que me hacia levantarme a las tres de la mañana para consultar un dato, manejar 400 km por si acaso podía encontrar la entrevista que buscaba o caminar a las cuatro de la mañana por la quebrada Jagüey sin linterna y con piedras en mi mochila para verificar la dificultad del recorrido de los guerrilleros. Y si, era frustrante sentir como los datos promisorios de una historia inédita, relevante, se me deshacían cada vez entre las manos. Sin embargo, hoy que he escrito estas pocas paginas me doy cuenta que a pesar de todo, tengo mi propia versión de la historia que buscaba, ahora la puedo visualizar como una línea larga que une de mis doce años cuando leí “mi campaña con el che” con la escuelita de la Higuera; y en esa versión que mezcla lo imaginado con lo tan escrupulosamente investigado, el Che y Pacho van escalando la ladera casi cargados por Willy quien no ha soltado su fusil, Willy sabe que el destino esta en contra pero ese estúpido hermoso optimismo humano lo hace seguir buscando la salvación colectiva, que no por casualidad es intrínseca a todas nuestras religiones. Willy intentando salvar al Che y Pablito haciendo lo propio con el grupo de los enfermos me representan la razón mas profunda de la auténtica esperanza que es, al final, lo que un optimista irredimible como yo imaginó desde sus doce años en esta historia.
Amen.
Me embarqué en una búsqueda desesperada de aquellas piezas que faltan en el rompecabezas de los últimos días de la guerrilla del Che en Bolivia. Con este propósito entrevisté personas que tuvieron un rol conocido en la historia como Julia Cortez, y voces menos conocidas pero con datos interesantes para aportar como la familia de Víctor Céspedes o Rafael Aldunate. De igual manera leí una respetable cantidad de libros y documentos diversos sobre la historia boliviana del Che y visité al menos diez veces la zona en que actuó la guerrilla. Sin embargo, después de tres años y decenas de borradores inconclusos, abandoné el proyecto y por salud mental espero no reemprenderlo. Es bajo ese propósito que tiene lugar este breve escrito; no es un relato histórico, tampoco un recuento de mis avatares buscando reconstruir la historia, sino una suerte de testamento para un proyecto de investigación histórica que culminó en la angustiante soledad de un naufragio. Ahora bien, en ese tránsito de la aventura a la desgracia encontré datos interesantes e inéditos. Por ejemplo, contrariamente a lo escrito en todos los libros, artículos y reportajes que tocan la captura del Che, el último combate no tuvo lugar en la quebrada del Churo (Yuro para los cubanos) sino en la quebrada Jagüey –Racetillo. Eso lo descubrí por mera casualidad; caminando por las quebradas iba marcando puntos en el GPS y revisando el mapa que construí con las narraciones del combate y también el mapa de Gary Prado, pero algo no encajaba. Cuando inquirí a Aurelio mi amigo y guía sobre el tema me explicó “ ahhh si, está bien, lo que pasa que los nombres están cambiados, desde ese entonces” Señalándome la quebrada que teníamos al frente me dijo “esta que está al frente es en realidad la del Churo, pero a la que le dicen Churo es esta de la izquierda, donde fue el combate pero para nosotros se llama Jagüey-Racetillo porque arriba se juntan, pero como la gente que viene ya la conoce como el Churo, ni modo de cambiarles el nombre”. La cañada que geográficamente corresponde al “Churo” aparece en el famoso mapa de Gary Prado como cañada “la Tusca”. Curiosamente en el primer parte militar del combate el propio comandante de la compañía “B” Gary Prado acierta en el nombre. Transcribo el mensaje de radio a Cnl Zenteno:
“Hoy a 7 km N.O. de Higueras en junta quebradas Jagüey-Racetillo librose acción. Hay 3 guerrilleros muertos y dos heridos, la zona se le llama el Churo…” Esa fue la primera y única ocasión, hasta ahora, en que se llamó a la quebrada por su nombre.
También fue satisfactorio redescubrir el lugar exacto donde capturaron al Che. Cuando visitas la zona los pobladores te llevan a la quebrada Jagüey-Racetillo, donde incontrovertiblemente tuvo lugar el enfrentamiento. Aun hoy quedan en las piedras huellas del combate que sucedió ahí un domingo hace casi cuarenta años. Sin embargo, el lugar de la captura que reiteradamente ha sido mostrado en los documentales que se han hecho sobre el tema, no corresponde al lugar real. ¿Por qué? Hay que retroceder en el tiempo para entenderlo. El 8 de octubre de 1967, aproximadamente a las tres de la tarde el sargento Huanca, encabezando a un grupo de soldados, entró por la parte inferior de la quebrada Jagüey-Racetillo, metros adelante, a granadazo limpio, demolió la improvisada trinchera que defendían los cubanos Arturo y Antonio. El Che, que estaba unos metros atrás había sido previamente alcanzado por una ráfaga que le hirió en la pantorrilla e inutilizó su fusil. Fue entonces que apoyándose en Willy, Guevara intenta escapar subiendo la escarpada ladera de la quebrada. Aparentemente los dos guerrilleros tenían la intención de romper el cerco, ganar la espalda de los Rangers y ocultarse en la quebrada contigua, ahora si, en el Churo. Sin embargo, como lo sabemos ahora, no pudieron romper el cerco ni escapar a su destino. Al salir de la quebrada son capturados por tres soldados; el cabo N. Balboa Huaillas y los reclutas Encinas y Choque. Poco tiempo después llamado por estos llega al lugar Gary Prado acompañado por su estafeta. La posición estaba al borde de la quebrada, y aunque para ese entonces el combate solo continuaba quebrada arriba, la posición seguía siendo riesgosa para mantener a los prisioneros. El capitán Gary Prado decide entonces llevarlos a su puesto de mando, el cual se ubicaba en una pequeña depresión del terreno a unos veinte metros del lugar, bajando lateralmente por la loma, pero sin descender a la quebrada
Al terminar la campaña militar, la zona quedó deliberadamente olvidada. Este estado de cosas continuó hasta el fin de las dictaduras a principios de los ochentas. Cuando comenzaron a llegar los visitantes, los pobladores sabían con exactitud en que quebrada fue el combate, pero no conocían el punto exacto de la captura del Che ¿Y ahora a donde llevar a los visitantes?. La respuesta fue fácil; con el aval de un periodista, decidieron que el lugar referido era al lado de una gran piedra dentro de la quebrada y al medio de un sembradío de papas. Pintaron una estrella roja en la piedra y desde entonces llevan a ella a todo aquel que se deje: hippies, turistas, o realizadores de documentales que con relativa periodicidad aparecen en la zona.
La primera vez que fui a la Higuera conseguí, por 10 Bolivianos, que un campesino me llevara al “exacto” lugar de la captura. En otras palabras, me iba a costar poco mas de un dólar y dos horas de caminata contrastar la realidad con lo tantas veces imaginado… Pero bajábamos y bajábamos por el fondo de la cañada sin subir al flanco izquierdo, como debíamos hacerlo según mi conocimiento básico del combate. Peor aun, en un punto subimos a una pequeña planicie en lado derecho, dentro de la quebrada, pero unos dos metros por encima de su lecho. El campesino se paró y me señalo la gran piedra con la sonrisa de satisfacción de quien acaba de cumplir a cabalidad su misión.
Lo miré con incredulidad sin decirle una palabra. El titubeó y me empezó a narrar la anécdota de la captura y de cómo su papá había ayudado a sacar al Che de ese lugar hacia la Higuera. Le discutí un poco.
Intente convencerle que era absolutamente imposible que ese fuera el lugar no sólo porque no se ajustaba a lo escrito por ninguno de los protagonistas, sino, peor aun, porque no concordaba con el sentido común; la roca está en un claro que se abre en la quebrada y, dominado por todos los flancos, éste habría sido un lugar peligrosísimo para un combatiente de cualquier bando. Imposible que hubiera tres soldados ahí emplazando una ametralladora o cubriendo una ruta de escape (las dos versiones que existen sobre el rol de los soldados en ese punto) Por otra parte los relatos de los combatientes de ambos bandos coinciden en que el Che intentó romper el cerco por la ladera sur de la quebrada. Gary Prado, que es la única fuente de información de primera mano sobre los detalles de la captura con que contamos; dice que el Che fue capturado subiendo por una “chimenea lateral”. Pero ni convencí a mi guía ni tuve oportunidad en ese viaje de encontrar el lugar exacto. La geografía es intrincada, la cañada es relativamente sinuosa, es difícil bajar a ella y el ascenso de cuatrocientos metros verticales en cinco kilometros y medio hasta el camino La Higuera-Pucará es agotador. Por cierto, los trescientos metros que según diversos autores mide la quebrada Jagüey, son en realidad 2.74Km hasta su salida al “firme”. El sector de la quebrada donde según mis investigaciones tuvo lugar el combate mide 702 mts, esto es, entre la unión Jagüey-Racetillo y la confluencia de esta con el Churo.
Así que regresé a Vallegrande y después a Cochabamba frustrado pero con el firme deseo de hacer otro viaje a esta remota quebrada para identificar el punto donde fue capturado el Che y marcarlo con un GPS. Con ese propósito en los meses siguientes conseguí algunos mapas, construí los míos propios con los relatos de guerrilleros y militares y finalmente ubiqué dos posible lugares usando las fotos satelitales del Google Earth. Con toda esta información regresé a la zona para discernir in situ cual de los dos puntos se ajustaba mejor a las narraciones. Finalmente determiné el punto de la captura en 00. 61’34’’ y 043, 34’ 23”. (Si tienen interés marqué los puntos en Google Earth). Creo firmemente que es la posición correcta, aunque no he logrado convencer a los pobladores de que lleven a los visitantes al punto real “Ya nos acostumbramos a llevarlos a la roca” Y si, la última vez que estuve en la quebrada un equipo de la televisión palestina estaba videograbando en detalle la piedra. Sin embargo, el redescubrimiento del lugar donde fue capturado el Che es meramente anecdótico; el eje de mi proyecto tenía que ver con una reconstrucción de lo sucedido entre la llegada de los guerrilleros a Abra del Picacho y el combate de la quebrada de Jagüey. Particularmente me interesaba reconstruir los contactos que tuvieron en ese tiempo con los pobladores de la zona y de alguna manera matizar la versión del nulo apoyo que tuvieron de los campesinos.
Ciertamente, la falta de una base social que sustentara el accionar de la guerrilla es incontrovertible y es sin lugar a dudas, el mayor determinante del fracaso de la misma. Pero a lo largo de la campaña Ñancahuazu-La Higuera los guerrilleros tuvieron de manera constante el tímido y a veces ambivalente apoyo de los campesinos. Hay varios casos que por sus posteriores implicaciones han trascendido a la historia conocida de la guerrilla como Pablo Baigorri, otros menos conocidos como victor Cespedes, y otros que nunca han sido mencionados en la bibliografía existente. Estos últimos eran los que mas me interesaban
La primera vez que fui a Pucara, parse a saludar al Profe Iver, con quien habíamos desarrollado algunos proyectos de educación integrada. Cuando regrese al auto me encontré a una vieja medio sentada en el asiento del pasajero que en absoluto estado de ebriedad y escupiéndome con cada palabra me repetía “quieres saber del che? quieres saber del Che? Yo te voy a contar del Che” Tengo profunda animadversión a los borrachos cuando estoy en una circunstancia que me impida alcanzar el mismo estado que ellos han logrado. Tal era el caso, así que con el engaño de invitarle otro singani la baje del Jeep y me di a la fuga. Cuando llegue a la Higuera se me acercó una señora, ofreciéndome fotos del Che. Una llamo particularmente mi atención; era una vieja foto de Florencia Cabritas. ¿Quién es Florencia Cabritas?: La vieja que pastoreando sus cabras entro a la quebrada donde estaban los guerrilleros, según nos relata el propio che en la ultima entrada de su diario. (Su casa, adyacente a la quebrada de Jagüey la marqué también en el google earth) En la foto se veía a la vieja, a su hija enana y a otra mujer más joven en quien reconocí a la vieja que yo acababa de sacar de mi auto con engaños. ¿“Quien es esta?” le pregunte, “Es Virginia, la nieta de Florencia Cabritas. Ella ayudo a unos guerrilleros que salieron antes de que mataran al Che y por eso estuvo mucho tiempo escondida en Villamontes” Me arrepentí, como lo sigo haciendo desde entonces, de no haberle comprado la foto, y más aun de no haberme quedado un rato mas con la tal Virginia en Pucará. La historia sonaba interesante, porque en efecto, un grupo de cuatro guerrilleros conocido como el “grupo de los enfermos” logro romper el cerco y escapar en las primeras horas del combate. Sin embargo, no sabemos nada de sus avatares desde ese momento y hasta el 14 de Octubre, seis días después, cuando los cuatro son aniquilados en la confluencia del Río Mizque con el Rió Grande en la zona que se conoce como “Cajones”. Intenté obtener más información en la Higuera y un viejito, Alcides Osinaga, me confirmo lo que me había dicho la Sra Doña Irma. Al parecer el grupo de Los enfermos, encabezado por Pablito que con sus veintidós años era el guerrillero mas joven y el único sano y apto para combatir en esos tiempos, hizo contacto con la familia Cabritas. Virginia, a pesar de la oposición de Florencia, y sus dos hijas; Aleja e Irene (la primera de ellas enana la otra “postrada” según el diario del Che o “hinchada” según los pobladores de la higuera) les dio agua y algo de comida. Intrigado por esta información regrese a Pucará con la intención de buscar a Virginia y obtener ahora si la información que horas antes me ofrecía intercambiar por un singani. Desafortunadamente cuando llegue me avisaron que ya se había salido para Vallegrande y que no sabían cuando volvería o si volvería, porque aparecía en Pucará muy de vez en cuando. A pesar de ello me dieron la esperanza de contactarla a través de la profesora Julia Cortes que vive en Vallegrande y que fue una de las últimas personas que habló con el Che. En Vallegrande entrevisté a la profesora, pero respecto a Viriginia no tenia ninguna información. Seguí otra pista que me llevo a San Juan del Potrero, más allá de Mataral pero con resultados infructuosos. Esa fue la primera línea de mi investigación que quedo abierta. No supe más de Virginia pero seguí adelante, después de todo, desde ese primer viaje, conocí a mucha gente en Abra del Picacho, Pucara, La Higuera, Vallegrande, dispuesta brindarme información sobre lo acontecido cuarenta años antes. Y ahí empezaron los problemas. De la copiosa información recibida es difícil rescatar ese dato ajustado a la realidad que aparece de vez en vez, mezclado con los mitos que los campesinos han construido a lo largo de estos cuarenta años. Hay quien asegura que su padre ayudo a los militares a sacar al Che desde la piedra, que ubican como el lugar de la captura, hasta la escuelita de la higuera. La historia no resiste la menor confrontación con los datos que contamos. Se menciona con insistencia que Florencia Cabritas y su hija aleja, ayudaron a la guerrilla del Che en los días previos al combate, pero en ningún testimonio de los sobrevivientes ni siquiera se insinúa esa posibilidad. Hay muchos otros mitos surgidos de una burda mentira, o de una reconstrucción imaginaria de los hechos que sin embargo se han vuelto verdades colectivas. Paradójicamente, otro problema que se encuentra al intentar recabar información es que quienes vivieron los tiempos de la guerrilla no han podido vencer del todo el miedo a la represión y tienen cierta reluctancia a hablar sobre el tema. En los tiempos de la guerrilla varios campesinos por mera sospecha de simpatía hacia los “subversivos” fueron golpeados, encarcelados, o inclusive muertos a palos, tal fue el caso del “Vallegrandino”. Una vez terminada la campaña militar hubo un periodo en que amaino la presión a los pobladores, pero durante los gobiernos de las dictaduras cobro fuerza otra vez. Los militares reaparecieron en la higuera para destruir de manera ostentosa, bustos con la efigie del Che, murales o graffiti que grupos de activistas erigían en la Higuera. En esas ocasiones los pobladores también eran maltratados. Ahora pareciera que existe una combinación sinérgica entre los mitos y los miedos. El mito que se construye sobre lo falso oculta la verdad que se esconde tras el miedo. Mi búsqueda de trascender esa estructura y encontrar certezas sobre lo que realmente sucedió me llevo a seguir muchas pistas falsas, otras con visos de autenticidad pero que me conducían invariablemente a callejones sin salida. El propio combate del Churo y los detalles de la captura del Che de los que tanto se ha escrito son un infierno de contradicciones. Para empezar, los mismos sobrevivientes tienen versiones encontradas sobre lo que sucedió ese día. No podía ser de otra manera llevaban días enteros apenas comiendo, enfermos, heridos, “…estaba donde la quebrada se rompía, si estaba a la derecha, a la izquierda o en el frente difícil decirle” le contesta Pombo a Reginaldo Ustariz en una entrevista sobre detalles del combate. Gary Prado asegura que el Che fue capturado con Willy. Pero existe la versión de Arguedas en que cuenta citando su conversación con el cabo Balboa que el Che estaba subiendo a la loma con otros dos guerrilleros. Esto ultimo es consistente con lo que dicen recordar los habitantes de la Higuera “Con el Che y Willy trajeron un guerrillero ciego que estaba muy herido” Posiblemente Pacho o el Chino. Creo que no hay un solo dato relevante de la historia de ese día que no venga acompañado hasta nuestros tiempos con al menos tres versiones. Mi intento de reconstrucción histórica, me llevó a un estado obsesivo que me hacia levantarme a las tres de la mañana para consultar un dato, manejar 400 km por si acaso podía encontrar la entrevista que buscaba o caminar a las cuatro de la mañana por la quebrada Jagüey sin linterna y con piedras en mi mochila para verificar la dificultad del recorrido de los guerrilleros. Y si, era frustrante sentir como los datos promisorios de una historia inédita, relevante, se me deshacían cada vez entre las manos. Sin embargo, hoy que he escrito estas pocas paginas me doy cuenta que a pesar de todo, tengo mi propia versión de la historia que buscaba, ahora la puedo visualizar como una línea larga que une de mis doce años cuando leí “mi campaña con el che” con la escuelita de la Higuera; y en esa versión que mezcla lo imaginado con lo tan escrupulosamente investigado, el Che y Pacho van escalando la ladera casi cargados por Willy quien no ha soltado su fusil, Willy sabe que el destino esta en contra pero ese estúpido hermoso optimismo humano lo hace seguir buscando la salvación colectiva, que no por casualidad es intrínseca a todas nuestras religiones. Willy intentando salvar al Che y Pablito haciendo lo propio con el grupo de los enfermos me representan la razón mas profunda de la auténtica esperanza que es, al final, lo que un optimista irredimible como yo imaginó desde sus doce años en esta historia.
Amen.

